miércoles, 9 de diciembre de 2009

Jugar a vivir o sobrevivir

Jugar a vivir, para lograr sobrevivir

Un grafiti en la calle reza: Vivir solo cuesta vida. Pero muchas veces, llegan al consultorio personas que afirman no sentirse vivas. La visión es que la vida plena, alegre, es para los otros.

Trabajan, producen, tienen relaciones afectivas, familia, amigos, sexo, pero “la vida” es algo que le pasa a los demás.

Se sienten “diferentes”, “marcianos”, o racionalmente “la gente exagera” al explayar sus emociones, o “hablan demasiado”.-

Y muchas veces es asi. Muchas veces hay una configuración psíquica que ha logrado subsistir a los diversos avatares de la vida, a costa de dejar de lado la emoción, la propia sensibilidad. Han construido una armadura invisible pero perceptible: Ser racional, operativo y productivo, para subsanar las heridas tempranas.

Este mirar a los demás como “bichos raros” suele asociarse con haberse sentido “bicho raro” en los primeros años, o la adolescencia. Donde la familia de los compañeros (los otros) era la familia ideal, o idealizada. Donde las cosas que los otros obtenían, eran realmente valederas, y las propias no lo eran.

Esta “anestesia” a la vida, lleva a estas personas a no valorar sus logros, o menospreciar lo que poseen, y los impulsan a una carrera sin fin de obtener sensaciones, ya sea mediante la posesión económica, mediante los deportes de riesgo (la adrenalina), los títulos y honores sociales o académicos, la cantidad de parejas ocasionales, etc.

Detrás de estos comportamientos, casi compulsivos, encontramos, sin embargo, un gran sufrimiento, un sentimiento de futilidad y sin sentido, que imprime un sinsabor a todo lo que se puede vivenciar.

¿Qué podemos hacer?

En el camino a recorrer en una psicoterapia, se trata de revalorizarse uno mismo, mirarse con los ojos bien abiertos, reconfigurar la propia realidad. Descubrir los propios temores, y subsanar realmente las heridas profundas que aun, debajo de la coraza están doliendo.

Se trata entonces de empoderar a la persona, acompañarla en el camino a conocerse y reconocerse con otros ojos. A perder el miedo a las sensaciones agradables y desagradables de la vida. Ganar confianza y seguridad verdaderas, de la esencia de la persona. Se trata de liberarse de esa sensación de no sensación, y animarse a sentirse vivo de verdad.

Si nos vamos a los orígenes, posiblemente encontremos una infancia particular, signada muchas veces por situaciones de descuido, de abandono o que fueron vivenciadas como desamor o peligros. Estas situaciones fueron dadas por una configuración particular de la familia de origen, o situaciones de fuerza mayor, que arrasaron con las capacidades de cuidado parental.

Estos niños aparecen muchas veces como continente familiar: “Siempre fui la mama de mi mama y mis hermanos”, enuncia Vanesa. Siempre se sintieron adultos, siempre han buscado y hallado la mejor solución. Lo mismo hicieron con sus emociones: no sentir, adormecer la emoción también fue la solución mas eficiente para sobrevivir.

Entonces la vivencia, la sensación se vuelve un cuento y un juego: “Si, voy y la careteo, le digo que la quiero o que me apena, pero ya fue”, sostiene Emanuel. Hago de cuenta que siento, pero no siento. “Hagamos de cuenta que nos queremos”, le decía Karina al padre.

De esta forma, el self, como lo llamó Winnicott, se resguarda de lo frustrante o peligroso que puede suceder en el mundo. “No me quiero exponer a que me rechacen”. El sentimiento de vivencia se hace de mentira y la verdad, se vuelve peligrosa. “Miento para que me quieran” era el argumento de Liliana.

Que sucede con estas personas? Un sufrimiento innombrable, inefable. Para si mismos para quienes le rodean. La inconstancia, la inconsistencia, la búsqueda de “algo mas” que nunca llega, que nunca se alcanza.

Pro eso, la propuesta se basa en un tratamiento psicológico, utilizando diversas técnicas de psicología cognitiva conductual, psicoanálisis, gestalt y sistémica.

El tiempo aproximado de tratamiento es entre seis meses y dos años, dependiendo del paciente y del terapeuta.

¿Querés saber mas? Llamanos al 011 15 3362 5870 o escribinos un mail: artemisa.argentina@gmail.com